¿Así que a tí también te gusta jugar?
No sólo tu comportamiento te daba la razón, sinó que también lo advertí este sábado cuando por casualidad te encotré por la noche.
Primero creí verte pero no estaba segura de si eras tú. Estabas de espaldas y andabas revoloteando entre tus amigas de modo que no podía verte bien la cara. Estuve un rato observándote para asegurarme de si eras tú o no. Y con ganas de que efectivamente lo fueras. Al final te giraste y pude verte bien. Me acerqué a ti y estabas tan a gusto con ellas que te costó reaccionar. Cuando al fin te giraste me encantó ver como tu cara, además de sorpresa, reflejó ilusión por el encuentro.
Teníamos planes distintos para la noche del viernes, pero me quedé con las ganas de tomarme algo contigo y de volver a poner a prueba nuestras chulerías.
¿Repetimos? Pero esta vez tu y yo solas.
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