dijous, 11 de febrer del 2010
Cuerpos desnudos
Mujeres sin complejos que nos muestran sus hermosos cuerpos
regalándonos el preciosos lujo de unos mundos llenos de vida y amor
deseo y pasión
rebosantes de dolor y sufrimiento.
Mujeres sin complejos que nos enseñan su lucha diaria por salir adelante
el cansancio de la desconsonancia entre todo aquello que nos rodea y los deseos de
todo ser humano.
Cuerpos angelicales que nos dejan ver aquello que l@s demás no hemos alcanzado aun
la belleza de un cuerpo desnudo
de una mujer libre de ropa y de pensamiento
ajena a toda agitación externa a su propio ser y a sus deseos más sinceros
Un cuerpo bello pidiendo ser amado por otro igual y diferente al mismo tiempo
anhelando una caricia placentera
un beso en lo más profundo de sus ser
palabras que logren hacerlo llegar a esa dimensión que solo logramos alcanzar a través
de sueños y fantasías
que nos transportan a aquel lugar al que sentimos que pertenecemos
que nos dan la llave de aquel cielo y/o infierno en el que nos movemos libremente
que nos abren la puerta de un paraíso propio al que solo llegamos mediante la osadía
de dejar de lado todo aquello que nos imponen desde el poder que censura,
clausura y pretende destruir nuestros deseos.
Esa mujer nos enseña el precioso cuerpo exterior que recoge dentro de si toda la belleza
de una fémina que se ha encontrado a si misma y nos deja ver la realidad
de la humanidad
la pureza de un cuerpo libre
y la esperanza de que un día todos los cuerpos del mundo nos unamos y mostremos al
mismo tiempo aquello que nos hace unic@s e iguales entre nosotr@s:
el deseo.
Agosto 2004
Ángel o demonio, siempre yo
Yo voy a dedicar algo de mi tiempo a describir la que creo que es la mía, no tanto por plasmarla en un papel, si no más bien por ser plenamente consciente de ella, si me doy cuenta de que realmente la conozco.
Ángel-demonio.
Hay quien visualiza a un ángel como un ser blanco, luminoso y radiante, con un par de alas hechas de plumas también blancas, a la espalda y, algunas veces, con una aureola flotando encima de su cabeza. El ser que se nos dibuja en el momento en que nos imaginamos un demonio no es blanco, sino rojo, también es radiante, no tiene alas a la espalda, pero le podemos ver una larga cola terminada en flecha que también es roja, y en lugar de aureola siempre tiene dos cuernos en la cabeza.
Para algunos muchos, estas son las características físicas de ambos. El primero simboliza el bien al contrario que el otro que representa el mal. Habitantes del cielo y del infierno respectivamente.
Ángel y demonio, si y no, vida y muerte. Conceptos opuestos o no, pero complementarios al fin y al cabo. ¿Cómo apreciar uno sin conocer el otro?
Mis ángeles.
Cuando miro a mi alrededor veo ángeles, con o sin alas, blancos o de otro/s color/es, aunque siempre radiantes, característica esencial para que los considere ángeles. Algunos viven en el cielo, otros en el infierno y también me los encuentro en todas partes, como a las niñas malas.
Ángeles, seres humanos con vida propia que habitan en algún lugar de este mundo y se sienten atraídos por seres de su misma especie que, si ninguna anomalía lo ha impedido han sido dotados para llevar en su interior a futuros ángeles o demonios.
Mis demonios.
Demonios, también seres humanos con vida propia que encontrándose en algún lugar a lo largo y ancho del planeta en el que habitamos, se diferencian de los anteriores en que la atracción que sienten es hacia aquellos que, si no existen contratiempos, pueden participar en la reproducción pero sin llevar a los futuros seres en su interior.
Los demonios que me rodean también son radiantes, con cola o sin ella, con o sin cuernos, rojos, o blancos, o negros, o amarillos, o verdes, . . . o de todos los colores, conviven o no con ángeles, pueden acompañarles en el cielo, en el infierno o en todas partes.
Ángeles, demonios y ambas cosas al mismo tiempo, o una o la otra dependiendo del momento y las relaciones que se establezcan.
Cielo-infierno.
Hay quien alza la mirada y no ve aire y nubes, sino que en su imaginación se dibuja un paraíso luminoso al que acudir después de la muerte; luego mira hacia el suelo y se piensa que debajo de sus pies existe un mundo en llamas al que ir después de una vida de pecado. Hay otras personas que viven en el cielo siempre que la vida les sonríe y si es al contrario dicen encontrarse en el infierno. Otros gozan de una vida infernal disfrutando de los pecados que realizan y se ríen de los que sueñan con poner los pies en el cielo.
Cielo y infierno, si y no, vida y muerte. Conceptos opuestos o no, pero complementarios al fin y al cabo. ¿Cómo encontrarse bien en uno si no se ha estado en el otro?
Mi cielo.
No todos miramos a través de los mismos ojos y no todos nos encontramos en el mismo lugar cuando creemos estar en el cielo.
Mi cielo, lugar en el que encontrar ángeles y demonios, con cola o sin ella, volando o aterrizando, coleccionando buenos o malos momentos, seres humanos iguales y diferentes al mismo tiempo.
Cielo, paraíso de los ángeles, terreno en el que ellos participan de la creación de las normas respetando los deseos de todos y cada uno de sus habitantes y de aquell@s amig@s que quieran acompañarles.
Mi infierno.
Infierno, paraíso de demonios creado por y para ellos, cumpliendo todos y cada uno de sus deseos respetando y aceptando a tod@s sus habitantes y a aquellos seres que les acompañen.
En ambos sitios podemos encontrarnos ángeles, demonios y ambos integrados en un mismo ser, reluciendo uno, el otro, o ambos dependiendo de la situación y la compañía. Algunos son rojos, otros naranjas, también los hay amarillos, verdes, azules y/o lilas.
Ángel y demonio, cielo y infierno; conceptos abstractos a los que cada una adjudicamos una definición y sobre los que yo he basado una filosofía de vida que se ha respaldado en el amor hacia los seres humanos.
Ángel o demonio, siempre yo.
Julio 2003
dilluns, 8 de febrer del 2010
Escribir
Quisiera poder saber qué pasa por la mente de todas aquellas personas en el momento de escribir, así quizás entendería porque en tantas ocasiones lo único a lo que pueden aferrarse para no caer en un pozo sin fondo es la libertad que da el hecho de poder escribir cualquier cosa sean letras, palabras, frases, trozos de canciones, nombres..., cualquier cosa.
Recuerdo que una vez un profesor de lengua dijo en una clase que no existe la inspiración en la literatura, que lo único que se puede hacer para escribir es pensar en un tema, un argumento; que si se escribe un relato con personajes, antes de empezar se debe concretar su personalidad y su manera de actuar. Pero no estoy de acuerdo con él.
No podría explicar porqué hay momentos en los que viendo una fotografía, escuchando una canción, intentando leer un libro sin poder mantener la concentración, hablando con un amig@ o en cualquier otra situación, se siente la necesidad de coger un bolígrafo y escribir lo que esta pasando por la cabeza. Puede ser el comienzo de una historia, una reflexión sobre algo, dos frases o cualquier cosa, pero es necesario escribirlo.
Si se escribe una historia puede que los personajes se le presenten quien escribe, que tanto el escritor como el lector vayan conociendolos a medida que se escribe o se lee el relato, a través de sus acciones, reacciones y/o conversaciones. El/la escritor/a se hace cómplice de ell@s y a menudo les guarda secretos que no debe conocer nadie más, pero que éste/a debe saber para poder seguir escribiendo. Quien escribe ayuda a los personajes a salir adelante con su vida, y estos, le dejan entrar en ella.
Aunque también hay muchos momentos en los que los personajes los crea un@, a veces inconscientemente, copiando caracteres de aquell@s que le rodean o de un@ mism@, o escribe lo que ocurre a su alrededor cambiando nombres y añadiendo un poco de imaginación para no delatar a nadie y para que nadie se de por aludido/a. Y lo que se consigue con esto es inmortalizar ciertos momentos de la vida de un@ y de la vida de l@s demás para poder recordarlos en un futuro.
Quizás por eso escribimos, para hacer eternos algunos momentos de la vida (no vaya a ser que la memoria nos falle y terminen olvidados o malheridos), para desahogarnos en esos momentos en los que no nos queda nadie con quien contar, o no tenemos a nadie cerca, para seguir adelante con vidas ajenas, a cambio de poder entrar en ellas. También existe la posibilidad de que no sepamos expresarnos de otro modo, o que nuestra imaginación funcione de tal modo que no encuentre otra manera de descansar que plasmándose en un folio.
No lo sé, quizás nadie tenga un motivo concreto para escribir, quizás cada persona que escribe tiene el suyo propio, o quizás todos tengamos el mismo, no lo sé. Pero estoy de acuerdo con Isabel Allende cuando dice que:
"La escritura es para mí un intento desesperado de preservar la memoria."
"Las palabras son gratis, decía y se las apropiaba, todas eran suyas.
Ella sembró en mi cabeza la idea de que la realidad no es solo como se
percibe en la superficie, también tiene su dimensión mágica y si no a uno se le antoja, es legítimo exagerarla y ponerle color para que el tránsito por esta vida no resulte tan aburrido."
Eva Luna, Isabel Allende .
Junio 2001
Consecuencias de guerra
Lágrimas; lágrimas de dolor, de tristeza, de desesperación.
Llanto; llanto incontrolado, calmado tan sólo con el abrazo de aquel ser que al darte la vida deseó cambiar el mundo sólo para que tú pudieras vivir como todos los niños merecéis hacerlo.
Sangre; sangre corriendo por tu cara, acariciando tu rostro, ese rostro que tu madre besa.
Besos, besos de esperanza, de lucha por un futuro mejor.
Palabras; palabras susurradas al oído, palabras que logran calmar tus lágrimas y tu llanto. Palabras que te piden perdón por haberte llevado a un mundo como este del que sólo conoces el ruido de las armas, el grito de la muerte y el color de la sangre.
Palabras que prometen, que prometen un lugar mejor, un lugar en el que poder pasear por la calle sin miedo a morir, un lugar en el que poder pasar un día sin ruido, sin gritos, sin muerte. Un lugar en el que poder ir al colegio y volver a casa con la certeza de que tu madre te estará esperando.
Balas; balas recogidas después del estrepitoso ruido de otra batalla perdida, perdida por la humanidad, humanidad que pierde vidas después de otra batalla sin sentido.
Vidas; vidas que se marchan sin haber tenido la oportunidad de luchar, de luchas por seguir adelante, por seguir viviendo en un mundo en el que después de una batalla perdida lo único que queda son silencio y balas. El silencio de las muertes causadas por esas balas que vuelan por el aire empujadas por el deseo de supervivencia de esas personas que deben matar para poder vivir.
Silencio, todo lo que queda después de una batalla es silencio. Voces que se apagan con la llegada de la muerte, muerte que no sólo se lleva las almas de los cuerpos sin vida, sino que arranca también las de aquellos que tan sólo podrán esperar el ruido de la próxima bala, ruido que indicará el inicio de una nueva batalla.
Algunos volverán a esconderse para proteger sus vidas y la de los suyos, otros volverán a matar, a matar para poder vivir.
Noviembre 2003