dijous, 11 de febrer del 2010

Ángel o demonio, siempre yo

Todos tenemos una filosofía de vida. Algunos creemos ser conscientes de ella, otros ni se lo plantean. Algunos escribimos sobre ella, otros emplean ese tiempo en otras cosas.

Yo voy a dedicar algo de mi tiempo a describir la que creo que es la mía, no tanto por plasmarla en un papel, si no más bien por ser plenamente consciente de ella, si me doy cuenta de que realmente la conozco.

Ángel-demonio.
Hay quien visualiza a un ángel como un ser blanco, luminoso y radiante, con un par de alas hechas de plumas también blancas, a la espalda y, algunas veces, con una aureola flotando encima de su cabeza. El ser que se nos dibuja en el momento en que nos imaginamos un demonio no es blanco, sino rojo, también es radiante, no tiene alas a la espalda, pero le podemos ver una larga cola terminada en flecha que también es roja, y en lugar de aureola siempre tiene dos cuernos en la cabeza.

Para algunos muchos, estas son las características físicas de ambos. El primero simboliza el bien al contrario que el otro que representa el mal. Habitantes del cielo y del infierno respectivamente.

Ángel y demonio, si y no, vida y muerte. Conceptos opuestos o no, pero complementarios al fin y al cabo. ¿Cómo apreciar uno sin conocer el otro?

Mis ángeles.
Cuando miro a mi alrededor veo ángeles, con o sin alas, blancos o de otro/s color/es, aunque siempre radiantes, característica esencial para que los considere ángeles. Algunos viven en el cielo, otros en el infierno y también me los encuentro en todas partes, como a las niñas malas.

Ángeles, seres humanos con vida propia que habitan en algún lugar de este mundo y se sienten atraídos por seres de su misma especie que, si ninguna anomalía lo ha impedido han sido dotados para llevar en su interior a futuros ángeles o demonios.

Mis demonios.
Demonios, también seres humanos con vida propia que encontrándose en algún lugar a lo largo y ancho del planeta en el que habitamos, se diferencian de los anteriores en que la atracción que sienten es hacia aquellos que, si no existen contratiempos, pueden participar en la reproducción pero sin llevar a los futuros seres en su interior.

Los demonios que me rodean también son radiantes, con cola o sin ella, con o sin cuernos, rojos, o blancos, o negros, o amarillos, o verdes, . . . o de todos los colores, conviven o no con ángeles, pueden acompañarles en el cielo, en el infierno o en todas partes.

Ángeles, demonios y ambas cosas al mismo tiempo, o una o la otra dependiendo del momento y las relaciones que se establezcan.

Cielo-infierno.
Hay quien alza la mirada y no ve aire y nubes, sino que en su imaginación se dibuja un paraíso luminoso al que acudir después de la muerte; luego mira hacia el suelo y se piensa que debajo de sus pies existe un mundo en llamas al que ir después de una vida de pecado. Hay otras personas que viven en el cielo siempre que la vida les sonríe y si es al contrario dicen encontrarse en el infierno. Otros gozan de una vida infernal disfrutando de los pecados que realizan y se ríen de los que sueñan con poner los pies en el cielo.

Cielo y infierno, si y no, vida y muerte. Conceptos opuestos o no, pero complementarios al fin y al cabo. ¿Cómo encontrarse bien en uno si no se ha estado en el otro?

Mi cielo.
No todos miramos a través de los mismos ojos y no todos nos encontramos en el mismo lugar cuando creemos estar en el cielo.
Mi cielo, lugar en el que encontrar ángeles y demonios, con cola o sin ella, volando o aterrizando, coleccionando buenos o malos momentos, seres humanos iguales y diferentes al mismo tiempo.

Cielo, paraíso de los ángeles, terreno en el que ellos participan de la creación de las normas respetando los deseos de todos y cada uno de sus habitantes y de aquell@s amig@s que quieran acompañarles.

Mi infierno.
Infierno, paraíso de demonios creado por y para ellos, cumpliendo todos y cada uno de sus deseos respetando y aceptando a tod@s sus habitantes y a aquellos seres que les acompañen.

En ambos sitios podemos encontrarnos ángeles, demonios y ambos integrados en un mismo ser, reluciendo uno, el otro, o ambos dependiendo de la situación y la compañía. Algunos son rojos, otros naranjas, también los hay amarillos, verdes, azules y/o lilas.

Ángel y demonio, cielo y infierno; conceptos abstractos a los que cada una adjudicamos una definición y sobre los que yo he basado una filosofía de vida que se ha respaldado en el amor hacia los seres humanos.

Ángel o demonio, siempre yo.



Julio 2003

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