Te pasas la vida sentada en la orilla viendo tu propia vida pasar. Esperas que alguien subido en uno de esos barcos que navegan por el mar te vea y te invite a subir. Pero uno detrás de otro sigue su camino y se pierde en el horizonte mientras tú no paras de imaginarte lo que hubiera sido si hubieras encendido la luz del faro para que te vieran.
Llega un día que ya no puedes imaginarte nada nuevo, tu mente esta colapsada, los barcos siguen pasando y no te ven porque estás escondida bajo la oscuridad de la noche, la misma que siempre creiste que te portegía. Y de repente, sin saber muy bien porque, te levantas, caminas hacia el faro, enciendes la luz y empiezas a vivir la vida en lugar de uir de ella.
Ahora lo vas a pasar mal, seguro, porque abriéndole las puertas a lo bueno se las abres a lo malo también, pero vas a vivir. No a mirar como tu propia vida va pasando sin apenas darte cuenta.
Y realmente vale la pena.
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