Ayer era viernes y mucha gente andaba contenta y alegre por tener 5 días de fiesta por delante. A mí no me pasaba lo mismo y ya no por el hecho de trabajar estos días, ya me he acostumbrado a trabajar fines de semana y festivos, sinó porque soñaba despierta con la posibilidad de que las cosas no fueran como son.
Me imaginaba recogiéndola en la puerta del trabajo y pasando los 3 días de fiesta que ella tiene en su casa. Me imaginaba en la cocina una vez el niño estubiera durmiendo con una botella de vino abierta, el ordenador poniéndole la banda sonora a la noche y con algún que otro cigarrillo, hablando y disfrutando de ella no como compañera de trabajo o como madre, sinó como mujer. Me imaginaba tranquilamente sentada a su lado viendo alguna de esas películas que no entiende como no he visto. Me imaginaba como tras desconectar del mundo y sentir que por fin ha llegado el momento de descansar y disfrutar, su mano se pone a acariciar la mia.
Me la imagina diciéndome que las cosas irán saliendo bien y que aunque no pueda prometerme nada lo que le apetece en ese preciso instante es lo que esta viviendo. Que no me puede prometer la luna, ni un futuro juntas, ni fidelidad, pero que esa misma noche quería estar donde estaba y con quien estaba, conmigo. Y que hacía ya demasiado tiempo que me deseaba y la película la podíamos ver en otro momento.
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