-¿Quieres?
Podía parecer una pregunta fácil de responder y más teniendo en cuenta que le estaba ofreciedo un trozo de su pizza. Pero no era eso lo que Miriam quería de Lina. Para el resto del mundo aquellso instantes no fueron más que imperceptibles, pero en la cabeza de Miriam se crearon un millón de imagenes.
La verdad que, buena pinta tenía aquella pizza que iba a comerse Lina, pero ella lo que quería era el postre. Miriam miró la pizza. Levantó la cabeza y reprimió el primer impulso de respuesta que tuvo.
-¿Qué ibas a decir?
Lo había reprimido una vez, pero no iba a volver a hacerlo.
-Lina, te quiero a ti. No a tu pizza. No voy a negar que tiene muy buena pinta, y no me importaría nada comerme un trozo. Pero no he venido aquí a por ella. Solo he venido por tí. Porque tenía muchas ganas de verte. De volver a pasar contigo horas sin darme apenas cuenta de la velocidad a la que corren las agujas del reloj. De volver a llevarte a casa no solo porque me sepa mal que cojas el autobus a esas horas, sino por alargar el tiempo a tu lado.
Lina se quedó de piedra. En ningún momento imaginó que aquella iba a ser la respuesta de Miriam ante el ofrecimiento de un trozo de pizza. Sé quedó embobada mirándola sin saber que era lo que tenía que hacer o decir en aquel momento.
-Yo tampoco he venido a ofrecerte un trozo de pizza...
Miriam no sabía si debía o no arrepentirse de lo que acababa de decir. Aunque tomó la decidión de no hacerlo. Además, tampoco tenía claro que quería decir Lina con aquella respuesta. Así que, hizo lo preciso para intentar averiguarlo.
-¿Y has venido a ofrecerme algo?
Lina empezaba a darse cuenta de por donde iba Miriam. Dejó la cara de sorpresa por el cambio de tema que había hecho y sonrió.
-Puedo ofrecerte muchas cosas pero no sé si las quieres o quieres otras.
Acababa de dejar la pelota en su campo. Ahora le tocaba a ella tirar. Ella había iniciado ese juego pero ella misma tendría que acabarlo. Miriam tenía muchas respuestas en mente en ese momento y no sabía por cual decidirse. Así que dejó de pensar y se dejó llevar. Era algo que realmente le daba pánico hacer, pero llegadas a ese punto, ya no tenía nada que perder.
-¿Si te digo lo que quiero lo harás?
-Depende de si yo quiero hacerlo o no.
-Bueno, pues ahí va: me encantaría que te levantaras de la mesa, te sentaras a mi lado, me besaras, y permaneciaras aquí cerca en lo que queda de cena.
Lina sonrió. Se levantó, cambio la copa, los cubiertos y el plato de sitio, se sentó a su lado, se le acercó y sonriendo, la besó. Le dió un primer beso, tierno y tímido. Se separó un poco de Miriam a la espera de ver que hacía.
-Ahora voy a ser yo la que diga lo que quiero: quiero que sigas besándome.
Miriam sonrió.
-En ese caso queremos lo mismo.
Terminaron de cenar entre risas, más besos, y lo que nunca cesaba entre ellas, conversaciones variopintas. Se levantaron y se fueron a jugar al billar de nuevo. Entre bolas y tacos volaban miradas, sonrisas y siguieron los besos. Después de jugar tres partidas seguidas les pidieron el billar de modo que se sentaron a seguir hablando de cualquier cosa que las llevaría a llevar la conversación a cualquier lugar donde no se imaginaron llegar en un principio.
Se les hecho la noche encima. Hacía ya 7 horas que estaban juntas y llegó la hora en que si Lina quería coger el último autobús nocturno que la llevara a casa tenía que irse ya, sinó le tocaría esperar al primer tren y para eso todavía faltaban dos horas y en ambas empezaba a notarse el cansancio de llevar casi 24 horas despiertas.
-Es hora de ir tirando para casa.
-Si te llevo a casa seré incapaz de volver a casa sin dormirme de camino.
-Mi cama es de 90 y está más lejos que la tuya.
-Normalmente duermo en medio de la cama, pero puedo moverme a un lado si quieres venirte conmigo.
Ya no hacían falta aclaraciones. Estaba claro que ninguna de las dos quería ponerle fin a la noche en ese momento. El cansancio de toda la semana hacía meya en ellas pero las ganas de continuar estando juntas eran todavía mayor. Subieron en el coche de Miriam y antes de arrancar Miriam preguntó:
-¿Tienes algo que hacer mañana?
-La verdad no. Tendré un par de amigas esperando mi llamada a ver como ha ido la noche. Pero si no llamo entenderán el porqué.
Miriam miró a Lina con cara de duda. Sabía que Lina siempre tenía algo que hacer. El trabajo, el Máster y el gimnasio le organizaban la agenda. Pero ella se encargaba de llenar el resto de huecos para disfrutar de su gente. Sabía que le había reservado uno de esos agujeros para compartir con ella esa misma noche. Pero nunca imaginó que había dejado el día siguiente en el aire pendiente de lo que pasara durante esas horas.
Llegaron a casa de Miriam y se quedaron en el sofá tomándose la última cerveza de la noche. Estuvieron largo rato en el sofá hablando hasta que el cansancio empezó a pesar de verdad. Las manos de ambas se entrelazaron. Sus mirabas subian y bajaban de los ojos a los labios. Sus labios se acariciaron antes de empezar a jugar. Esta vez no solo jugaron con la boca de la otra, sinó que se entretuvieron con otras partes del cuerpo... Entre besos y caricias ambas terminaron abrazadas en el sofá y con el calor de sus cuerpos se durmieron sin haber podido desatar la pasión que había volado a su alrededor durante toda la noche.
Dos horas más tarde Marta se despertó para ir a trabajar y despertó a Miriam para que se fueran a la cama. Miriam le dejó un pijama a Lina y ambas empezaron desnudarse al mismo tiempo con la primera intención de seguir durmiendo. Pero la visión de la otra con el cuerpo sin ropa hizo resurgir el deseo mitigado por el cansancio.
No llegaron a ponerse el pijama. No volvieron a dormir hasta casi quatro horas más tarde cuando una de las amigas de Lina que estaba esperando su llamada no pudo aguantar más la duda y terminó llamándola.
-Estoy en casa de Miriam todavía... Cuando vuelva a casa te llamo... No lo sé... ¿Comer? ¿Que hora es? ¡¡¿Las 12:40?!!
Miriam a su lado se echó a reir. No se habían dado cuenta de como había pasado el tiempo.
-Raquel... Bueno, que solo hemos dormido dos horas y ambas estamos cansadas. Así que no sé cuando volveré. Vamos a dormir un rato y si eso luego ya te llamo...
Miriam continuaba riendose. Se imaginaba a Raquel al otro lado del teléfono preguntando que había pasado y esperando que le contara detalles de la noche.
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