divendres, 21 de gener del 2011

Vértigo

Miriam no imaginó que después de proponerle volver a verse tardarían tan poco en hacerlo. No coincidían apenas en horarios y Lina siempre tenía algo que hacer en su tiempo libre, así que para verse tenían que coordinar sus agendas. Pero esta vez fue distinto, Miriam le propuso un jueves de verse y solo les tocó esperar al domingo.

Miriam, como todas las veces que había quedado con ella después del día que las presentaron, estaba nerviosa. Nunca le había pasado nada igual. Nunca se había puesto nerviosa al quedar con una chica. Como tantas otras cosas que le pasaban con Lina que no le habían pasado antes.

Quedaron en el mismo lugar de siempre y como, las otras veces, Miriam llegó antes de tiempo. No soportaba llegar tarde a los sitios y que tuvieran que esperarla, pero esperándola a ella parecía que se le saliera el corazón del pecho. Los 10 minutos que tardó en llegar se le hicieron eternos. Y cuando llegó el corazón se le paró de golpe.

Se moría de ganas de abrazarla, de besarla, de decirle lo que le ocurría estando con ella. Quería sentarse con ella y contarle todo aquello, pero no tenía valor a hacerlo. Temía asustarla, temía que no quisiera escuchar lo que tenía que decirle, temía el no volver a verla.

Lina nada más verla le dió ese abrazo que días atrás le había prometido y Miriam se deshizo entre sus brazos. Sentía que las piernas le fallaban. Tenía la sensación que si la soltaba se caería al suelo.

-¿Estás bien?

Miriam no sa había dado cuenta, pero se había abrazado a Lina con fuerza, como si aquel fuera el último, además del primero, de los abrazos que podría disfrutar de ella. Y era la primera vez que alguien se le abrazaba así a Lina.

-Tenía ganas de este abrazo.

Al tiempo que decía aquello empezó a sentir vértigo. Había dicho la primera frase para seguir hablando y contarle todo lo que quería contarle. Había imaginado ese momento miles de veces desde que se dió cuenta de la necesidad que tenía que hacerlo, pero se sentía como si no lo hubiera hecho dado que las palabras que parecían tener vida propia en su boca no tenían nada que ver con lo planeado.

-¿Vamos a tomarnos unas cervezas y me lo cuentas?

De camino a la cerveceria Lina se dió cuenta de que Miriam estaba temblando de modo que la cogió de la cintura con la única intención de mostrarle que no tenía nada que temer, ni motivos para estar nerviosa. Empezó a calmarse al poco pero no dejó de sentir vértigo en toda la noche.

-Nunca antes nadie había provocado en mi lo que tú provocas. No puedo sacar mi chulería. No puedo jugar. No puedo ser ambigua. No puedo mirarte a los ojos. No puedo acercárme a tí. Jugar, ser ambigua o mi chulería no me importan aunque me sienta perdida sin ellas. Pero sí quiero mirarte a los ojos, y sí quiero acercarme a tí.

Lina la escuchaba atentamente. Preferiría que Miriam no pasara por aquello, que fuera capaz de ser ella misma en su compañía, pero no dejaba de hacerle gracia el provocar algo así en una chica a la que conocía desde hacía apenas 4 meses y a la que veía esa tarde por 4rta vez.

-¿Puedo ayudarte en algo?

Miriam imaginaba que sí, dado que si alguien podía ayudarla solo podía ser ella. Lo que no sabía era como podía hacerlo.

-¿Si me siento a tu lado te costará menos acercarte a mi? No quiero acercarme a ti si vas a sentir que invado tu espacio vital, pero podemos provarlo a ver que pasa. Si quieres.

Miriam no tenía valor a responderla. La miró a los ojos y tansolo alcanzó a asentir con la cabeza. Lina se levantó y pasó de estar delante suyo a estar a su lado y a acercarse un poco más todavía. Miriam a cada movimiento de Lina se sonrojaba más.

-Ya estoy aquí y no voy a hacer nada más sin saber si te va a ayudar. No quiero forzarte a nada.

Miriam quería besarla, quería estar entre sus brazos y dejar de sentir aquel pánico a quedarse sola en esa mesa con las dos cervezas calentándose sin nadie que las bebiera.

-¿Que te hace sentir que me pase esto contigo?

-Me gustaría que fueras tu misma, con tu chulería, con tus tonterías, con tu ambiguedad, con todo lo que te caracteriza siempre. Siempre que no estás conmigo. Pero me hace gracia que una pequeña parte de tí solo salga ante mi. Y me hace sentir que aquí esta pasando algo que no te había pasado nunca. Así que de algún modo me siento especial.

Esa respuesta le gustó a Miriam, y puede que en otras circunstancias le hubiera dadi mucho juego. Pero ese no era el momento para hacerlo.

-Te lo preguntaré directamente.- Miriam estubo unos segundos pensando en como plantear aquello que se le hicieron eternos. -¿Tú quieres que te pueda mirar a los ojos y me pueda acercar a mi?

Esa no era la pregunta que quería hacerle pero no se dió cuenta hasta que la había hecho. Lina también se dió cuenta de ello. Pero también sabía qual era la respuesta que estaba buscando Miriam, igual que sabía que la respuesta que iba a darle le agradaría.

-Te voy a responder, pero antes quiero que sepas que si te sientes incómoda, o algo algo que no quieras, solo tienes que decírmelo.

-Aunque no sepa porqué, teniendo en cuenta que no dejo de sertir vértigo, creo que nada de lo que vas a hacer no me apetezca.

Lina sonrió. Se acercó un poco más a ella. Cogió una de sus manos y conla otra le acarició el rostro al tiempo que seguía con la mirada sus dedos por aquel rostro. La miró fijamente a los ojos y le sustuvo la mirada para ver si Miriam podía hacerlo también o no.

-Creo que voy a besarte aunque solo sea por el miedo que me da mirarte a los ojos.

Y así lo hizo. Cerró los ojos. acercó sus labios a los de Lina y la besó como si aquel, además del primero, fuera el último beso que se daban.

Miriam siguió sintiendo vértigo durante toda la noche, pero desde aquel instante, las miradas y los besos, no cesaron.

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