Como habían hecho otras tantas veces Miriam pasó la tarde con Neus y el peque. Cenaron en su casa y después de acostar al hijo de Neus se quedaron solas escuchando música con un par de copas de vino acompañándolas. Esta vez estaban en el comedor del nuevo hogar de Neus, sentadas en el sofà.
Sin saber muy bien como la conversación las llevó a eso, Neus dijo:
-¿Recuerdas cuando te dije que ni sentia ni pensaba?
El día en que por fin Miriam fue capaz de decirle a Neus lo que sentía por ella le respondió eso, de modo que Miriam se rió.
-¿Crees que he podido olvidar aquella conversación?
Entonces fue Neus la que se rió.
-Quiero volver a sentir, pero tengo miedo. Tengo miedo de volver a sufrir, tengo miedo de abrirle las puertas de nuevo a algo que de entrada me llama y me tienta. Pero lo he hecho otras veces y siempre he acabado sufriendo. Y no quiero volver a pasar por eso.
Miriam se la quedó mirando en silencio. No sabía muy bien como responder a aquello. Le vinieron a la mente aquellos momentos en los que ella le había dicho que se quitara los pájaros de la cabeza y se lanzara hacia aquello que deseaba, que valía la pena intentar hacer realidad aquello que soñaba y que si se llevaba un desengaño ya se repondría. Pero esa reflexión en eso momento no la convencía.
-Nadie puede prometerte que el abrirte a volver a sentir para disfrutar de aquello que se te antoja agradable no te implique volver a sufrir. Y no voy ha hacerlo yo. Pero creo que si ha llegado el momento en que vuelves a querer sentir, debe ser que ha llegado el momento en el que puedes empezar a abrirte de nuevo. No te fuerces, date la oportunidad de no correr y hacer las cosas a un ritmo que no te resulte extremadamente vertiginoso...
-¿Me ayudas?
Desde la primera frase a Miriam le había parecido entender que Neus quería que fuera ella la que la hiciera sentir de nuevo. Pero no tenía porque ser así. Nada había cambiado desde que le habló de sus sentimientos. Había contado la una con la otra como lo habían hecho hasta entonces, de modo que esa podía ser una charla como cualquier otra. Pero antes de empezarla, Neus se había girado en el sofá para mirarla de frente, con las piernas cruzadas y una posición que parecía de protección. Y aunque esa última pregunta parecía muy esclarecedora, Miriam necesitaba saber que era lo que Neus le estaba pidiendo exactamente.
-¿Qué me estas pidiendo?
Nues la miró con cara de no querer responder a eso en voz alta, pero entendió la necesidad de Miriam de que lo hiciera. Cogió aire.
-Después de todo lo vivido tengo ganas de volver a sentir. Y las ganas no me vienen porque si. Me vienen porque tengo alguien a mi lado que me las provoca. Pero al temor de poder sufrir como hasta el momento lo he podido hacer se le suma el temor de embarcarme en algo totalmente desconocido para mi.
-¿Te da miedo que te haga sentir, que te guste, que luego pueda hacerte daño y que además no sepas como gestionar que te guste estar con una mujer?
-Si.
Miriam empezó a acariciar una de las manos de Neus.
-Puedo intentar romper un poco esa barrera física que llevas puesta. Sin prisas, sin necesidad de correr, dándote el tiempo que necesites para recuperar algo de confianza. Si te gusta, puedo repetirlo.
Con la otra mano acarició su rostro al tiempo que la miraba a los ojos.
-Puedo dar un paso más cuando te creas capaz de no sentirte superada por las emociones.
Una lágrima cayó por el rostro de Neus.
-¿Porqué estas dispuesta a tanto por mi?
-Porque no quiero verte sufrir y menos ser la responsable de ello. Y si para que esto salga lo mejor posible tenemos que hacer las cosas despacio, a tu ritmo, no tengo nignun problema en sea así.
Neus se secó las lágrimas. Se acercó a Miriam. Le temblaban las manos y no sabía como tocarla. Miriam le cogió una mano y se la puso en su cara.
-Neus, no tienes que aprender a besar a una mujer. Tenemos que aprender a besarnos las dos. Pero si quieres puedo mostrarte como creo que lo podemos hacer.
Neus se rió. Se la quedó mirando fijamente y le asintió.
Miriam se levantó, le tendió la mano a Neus que la miró dubitativa pero no vaciló al seguirla. Se la llevó a la cama. Corrió las sábanas y la tumbó en ella.
-Si hago cualquier cosa con la que no te sientes cómoda solo tienes que decírmelo. Te he traido a la cama para estar más cómodas pero tienes que saber que mi intención ahora mismo no es hacerte el amor. Creo que puedo hacer otra cosa para que tu cuerpo pueda volver a sentir y no sienta tanto vértigo de hacerlo.
Neus no acavaba de entender aquello. Nunca la habían llevado a la cama sin intención de acostarse con ella. Como tampoco nadie se había detenido a escuchar su cuerpo. Miriam se tumbó a su lado. Empezó apartándole el pelo de la cara, acariciándole el rostro, los labios y el cuello para detenerse de nuevo luego en los labios. Mirarla fijamente a los ojos para luego besarla dulcemente. Sus labios jugaron a conocerse, a saborearse. Sus bocas se abrian entre tímidas y deseosas hasta que sus lenguas se encontraron. Una de las manos de Miriam estaba bajo la camisa de Neus acariciando esa piel suave y fría, haciendo que su vello se erizara.
-¿Estás bien?
-Creo que sí. Pero se ma hace rara tanta delicadeza... Nunca me habían besado así.
-No te estoy besando yo Neus, lo estamos haciendo las dos.
-Pues nunca me había besado con nadie con tanta delicadeza.
Miriam volvió a besarla para luego dejar de hacerlo y desabrocharle los botones de la camisa con la única intención de tener mayor facilidad para acariciarla.
-No eres la única que tiene miedo aquí. A mi también me da miedo sufrir con esto. Y yo no tengo miedo a que no sepas como gestionar como estar con una mujer. Tengo miedo a que termines descubriendo que no quieres estar conmigo.
Le sacó la camisa y siguió acariciándola. Neus seguía callado porque sabía que Miriam no había acabado de hablar.
-Pero si ambas queremos estar aquí en este momento yo no pienso perdérmelo.
Se pasaron la noche acariciándose. Primero fue Miriam la que terminó desnudando a Neus para tener un mayor márgen de movimiento por su cuerpo y cuando vió como el vello se le erizó fue ella la que quiso intentar hacer lo mismo con ella. Empezó acariciándole un brazo, sacándole la camiseta, pidiéndole sin palabras que se tumbara en la cama y la dejara intentar acariciarla del mismo modo. Le quitó los pantalones y bajó la iluminación de la habitación, pues ella también escuchaba el cuero de Miriam y sabía que así estaría más cómoda, pero dejó suficiente luz para moverse en confianza al tiempo que descubria con las manos y los ojos el cuerpo que la que hasta entonces ahbái sido su amiga, escondía bajo aquella pose de seguridad.
Acabaron las dos desnudas en la cama, abrazadas y acariciándose hasta que cayeron dormidas. A la mañana siguiente, cuando Neus abrió los ojos, seguían abrazadas. Miriam todavía dormía. Se quedó mirando su rostro. Parecía en paz. Lo acarició suavemente para no despertarla y no pudo resistir la tentación de besarla. Al contacto con los labios de Neus, Miriam despertó.
-Buenos días...
-Buenos días. ¿Sabes que? Sigo teniendo vértigo, pero de momento sigo teniendo ganas de intentarlo.
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