Me muero de ganas de verte pero creo que hoy no es el día adecuado para ello.
Porque hoy tengo ganas de dejar todos mis miedos a un lado.
Regalarle el raciocinio a la primera persona que me pase por delante y hacer lo que me dicta esa romántica que llevo dentro.
Te llevaría a cenar a ese rincón apartado de la ciudad en que el resto de mesas están ahí pero parecen desaparecer bajo la luz tenue que lo embriaga todo. Luego iríamos a aquel local en el que puedes pedirle a los artistas que se suben al escenario que le regalen una canción a la persona que te acompaña. Y le pediría a él que te cantara esa canción que a fecha de hoy ya tiene tu nombre en la Banda Sonora de mi vida. Seguiríamos la noche en el sofá de mi casa, conociéndonos y reconociéndonos despojadas de temores que frenan los impulsos que nos mueven desde el alma. Y luego, ya bien entrada la noche, me perdería en tu cuerpo hasta que cayeras rendida entre mis brazos. Y amaneceríamos juntas, como un día deseaste y hasta hoy no ha ocurrido. Mis ojos se abrirían al sentir que tu cuerpo empieza a despertarse. Me entretendría acariciando tu piel hasta desatar de nuevo el deseo entre nosotras y después de volver a hacerte el amor durante unas horas saldría de la cama para prepararte el desayuno. Cuando lograras desengancharte de las sábanas, que te atraparían con ese olor que desprenden después de una noche de amor, vendrías a la cocina, me abrazarías por la espalda y me pedirías que plasmara esa noche en uno de mis relatos en los que es mi corazón el que escribe y en el que uso las más bellas palabras que conozco para describir los más bellos momentos que vivo. Y lo inmortalizaría para que cuando volviera a encenderse nuestro cerebro tubieramos algo más que nuestros recuerdos para recordar que a pesar de nuestro miedos, vale la pena intentarlo.
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