Volvió a besarla, volvió a sentir el calor de sus labios al contacto con los suyos. Volvió a notar como su deseo era recíproco, como las manos de ella también buscaban su piel, como deseaban unir ambos cuerpos al margen de todo lo que las rodeaba. Se le volvieron a ir las manos por su cuerpo para acercarla a ella y, aunque esta vez la lucha interna por no desnudarla entera no era por estar en un lugar público, seguía teniendo que hacerlo.
Aunque esta vez pudo disfrutar durante horas de sus besos, de sus abrazos, de su lengua, de sus manos, de su sonrisa, de su pelo mientras se dedicaba a su espalda, de sus suspiros de placer, de su mirada. Pudo empezar a dibujar el mapa de sus pecas. Pudo descubrir su precioso cuerpo desnudo. Perderse por su espalda. Besar sus labios durante horas y despertar siendo su rostro lo primero que vió al abrir los ojos. Y lo hizo en su casa.
No habían salido aquella noche. Olga estaba en casa y fue ella la que le dijo a Miriam que fuera a verla un rato. Sin haberlo planeado. Sin esperarse descubrir su cuerpo aquel dia. Sin esperarse pasar ni un segundo con ella aquella noche. Se les hizo de día entre besos, caricias y charlas. A Miriam le resultaba complicado mantenerse dormida cuando el sol aparecía, de modo que antes del medio día ya estaba despierta y aprovechando que Olga seguía soñando disfrutó de aquella belleza plácida sin que ella la viera.
La vida podía dar muchas vueltas, pero si algo había aprendido hasta el momento es que solo podía disfrutar del presente. Así que era lo que estaba haciendo. Le encantó verla despertar alegre y risueña, ser la primera persona que aquel día le deseaba buenos días, besarla al despertarse y permanecer en la cama con ella hasta que el cuerpo empezó a pedir el primer café del día. A pesar de los miedos y de todo aquello que la hacía ir con cautela, se sentía muy a gusto y muy cómoda en su compañía.
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