Echo de menos tus sonrisas.
Las sigo viendo pero no me puedo permitir el lujo de mirarlas. Aun así, lo hago, menos de lo que me gustaría y más de lo que debería. Me enganchan, me atrapan, me seducen, me recuerdan a cuando me sonreías a mi, cuando sonreíamos juntas.
Echo de menos tus miradas.
Las sigo viendo pero no me puedo permitir el lujo de mirarlas. Aún así, lo hago, menos de lo que me gustaría y más de lo que debería. Me enganchan, me atrapan, me seducen, me recuerdan a cuando me mirabas a mi, cuando nos mirabamos juntas. Cuando pasabas un rato con los ojos fijos en mi y tras yo preguntar ¿qué miras? y tu sencillamente respondías: a tí. A veces sigo creyendo que tu forma de mirarme no ha cambiado y pensarlo no me hace ningún bien sinó puedo tenerte a mi lado.
Echo de menos tus manos.
Las sigo viendo pero no me puedo permitir el lujo de mirarlas. Aún así, lo hago, menos de lo que me gustaría y más de lo que debería. Me enganchan, me atrapan, me seducen, me recuerdan a cuando se enredaban con las mías sin apenas darnos cuenta mientras andabamos por la calle, cuando en el coche con tu hijo ya dormido en el asiento trasero se posaban sobre la mía encima del cambio de marcha, cuando mientras tu hijo jugaba de espaldas a nosotras se metían bajo mi ropa en busca de mi piel, cuando recorrían mi cuerpo dibujando un mapa de pecas o se perdían por los dibujos que hay en mi cuerpo.
Echo de menos tu pelo.
Lo sigo viendo pero no me puedo permitir el lujo de mirarlo. Aún así, lo hago, menos de lo que me gustaría y más de lo que debería. Me engancha, me atrapa, me seduce, me recuerda a cuando podía acariciarlo con mis manos, a cuando lo apartaba de tu cara para besarte, a cuando veía como te peinabas.
Echo de menos tu espalda.
No la sigo viendo y no debería permitirme el lujo de imaginármeloa cuando te miro. Aún así, lo hago, más de lo que debería. Me recuerda a cuadno me enganchaba, me atrapaba, me seducía, a cuando me perdía por ella porque encontraba la posibilidad de hacerlo o porque tú, con o sin palabras, me lo pedías; a cuando después de descubrir esas dos pecas que tienes en la parte de arriba te lo descubrí a ti. A cuando tu piel se erizaba al contacto de mis yemas.
Echo de menos tus piernas.
No las sigo viendo y no debería permitirme el lujo de imaginármelas cuando tem iro mientras andas. Aún así, lo hago, más de lo que debería. Me recuerdan a cuando me enganchaban, me atrapaban, me seducían. A cuando me perdía por ellas, a cuando las lucías estando conmigo sabiendo lo que ello provocaba en mi , con esa ropa corta, esos zapatos que te elevaban del suelo y que volvían tus largas piernas en un camino interminable por recorrer.
Cap comentari:
Publica un comentari a l'entrada