dissabte, 14 de gener del 2012

Llegó el día. Se acabaron los exámenes y al día siguiente tienes fiesta.
Llevas dos meses en un no parar. El trabajo, la universidad, situaciones personales que no son agradables y sin dejar de hacer aquellas actividades que además de sentarle bien a tu cuerpo, te llenan tanto a nivel personal.
No te quejas, llevas la vida que quieres, tú lo has escojido y por fin sabes disfrutar de todos los aspectos de tu vida.
Disfrutas de tu trabajo, ya no se te hace una montaña estudiar porque has entendido lo que realmente significa el "quien algo quiere algo le cuesta", llenas tu tiempo libre del modo que deseas, y aquello que no ha acompañado, aunque no era para disfrutarlo, has sabido sobrellevarlo del mejor modo posible.
Pero llegó el día en el que por fin puedes descansar.

Pero esta vez no sabes que es lo que más te apetece, si salir a desmelenarte como hace mucho que no lo haces. O tirarte en el sofa de tu casa y llegar a formar parte de él. Ni siquiera te apetece pensar en que harás al entregar el último examen esa misma tarde. Pero sí hay algo que echas de menos en esas situaciones. Que haya alguien que te sorprenda esparándote en la puerta de la universidad para disfrutar contigo de ese momento.

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