Tenía la nevera vacía. Una botella de cava y el culo de otra de Jose Cuervo Reposado no era suficiente para poder alimentarse. Así que muy a su pesar, porque no le ha gustado ir a hacer la compra nunca, cogió la bolsa del super y salió por la puerta de casa.
Iba directa a lo que necesitaba, no le hacía falta ninguna lista, sabía perfectamente lo que quería comprar y no se iba a entretener pasillo por pasillo. Con ya más de la mitad de la compra hecha la vió allí donde estaba la bollería. Había ido a por su gran tableta de chocolate negro con almendras y la vió acercándose a los donuts de chocolate.
Estaban solas en aquel pasillo o era lo que a ella se le antojó. Se le acercó por detrás si hacer apenas ruido. Llevaba demasiado tiempo deseando a aquella mujer y aquel encuentro fortuito le aceleró el ritmo cardíaco. La tenía en frente suyo, de espaldas a ella, con un top que dejaba descubiertos sus hombros y su cuello, que la invitaba a acariciar su espalda dibujando un mapa de sus pecas.
Le agarró una mano y la besó en el cuello para que la reconociera y no se asustara ante tal invasión de sus espacio personal. Cuando supo que la había reconocido, con la mano que le quedaba libre, apartó el pelo de su espalda y empezó a acariciar esa piel que días atrás había empezado a desear y de la que no había podido disfrutar a su antojo. Soltó su mano para moverla libremente por su cintura mientras notaba como esta se estremecía ante sus caricias.
Quería volver a besarla, quería volver a sentir el calor de sus labios al contacto con los suyos, quería que sus lenguas volvieran a jugar. Quería volver a notar como su deseo era recíproco, como las manos de ella también buscaban su piel, como deseaban unir ambos cuerpos al margen de todo lo que las rodeaba. Se le iban las manos hacia su culo mientras la acercaba a ella en una lucha interna por no desnudarla en medio de aquel pasillo. Pero no por falta de ganas, sinó por el no querer compartirla con cualquiera que puediera pasar por ahí en aquel momento.
De repente notó como alguien tiraba de su camisa.
-Yo también quiero donuts de chocolate.
Una niña de unos tres años con toda su inocencia las interrumpió solo porque eran un obstaculo para conseguir lo que quería, mientras el resto de gente que pasaba por aquel pasillo las miraba haciendo comentarios en voz baja. Puede que a alguna persona les molestara que tuvieran aquella actitud en público, pero estoy segura que la mayoría sintió envidia de lo que habían visto.
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