diumenge, 15 de gener del 2012

Propuesta de Relato para hoy

Dicen que cuando vas a morir ves tu vida pasar por la retina a una velocidad vertiginosa.

Yo puedo añadir que cuando ves que apuntan a la persona a la que amas pasa lo mismo con todos los momentos que has compartido con ella.

Aquella noche parecía que iba a ser una más. Habíamos quedado con las chicas para salir y hasta las 03:27 de la mañana todo parecía normal, hasta que apareció ella. Todas sabemos que el desamor duele, que la persona a la que amas no sienta lo mismo por tí duele, que una relación se termine porque ambas no sienten lo mismo duele. Pero jamás imaginé vivir una situación parecida a aquella.

Nos había visto juntas en más de una ocasión. Parecía que lo había superado. Volvía a saludarnos. Volvía a tratarnos con educación. Nunca dimos rienda suelta a nuestro cariño delante suyo por no herirla. Pero al parecer el dolor que sentía la hizo enloquecer.

Aquella noche, cuando ví que tardaba mucho en salir del baño, fuí a buscarla pensando que podía haberse quedado encerrada dentro, pero no fue así. Al llegar vi como aquella mujer la apuntaba con la pistola. No le temblaba el pulso, tenía la mirada muy fija en ella, y le recordaba lo mucho que la quería y el dolor que le causaba saber que ese amor no le era correspondido y más el verla feliz al lado de otra persona: yo.

-Si no eres para mi, no vas a ser para nadie.

Me quedé paralizada al ver aquella escena. Iba a apretar el gatillo. No había ni un apice de duda en ella. Tenía que acabar con aquel dolor que llevaba por dentro y creía que aquel era el único modo de hacerlo. Pasaron por mi mente todos y cada uno de los momentos que habíamos vivido juntas, el día que nos conocimos, la primera vez que quedamos a solas, el primer contacto con sus manos, el calor de sus labios en el que fue nuestro primer beso, la suavidad de su piel, sus ojos al mirarme, la complicidad que se desprendía de nosotras, la primera vez que nos hablamos sin mirarnos, los silencios compartidos, las mañanas entre las sábanas, el primer te quiero. Querían ponerle fin a su vida y yo no iba a permitirlo.

-No lo hagas.

Al oir mi voz se giró. Primero puso cara de sorpresa, después la rabia fue apoderándose de sus ojos en cuestión de microsegundos que se me hicieron eternos. Creí que iba a dispararme. E iba a hacerlo. Mi niña la empujó justo cuando apretó el gatillo y el disparo fue directo a mi pierna. En ese momento recuperó la cordura. Empezó a temblar y fue consciente de la gravedad de lo que había querido hacer, y de la gravedad de lo que hizo. Mientras yo estaba en el suelo ya que no podía mantenerme en pie vinieron algunas de las chicas a ver que había ocurrido. Yo no derramaba ni una lágrima. Aquello había terminado. Ella estaba conmigo, llorando por lo ocurrido, lamentándose porque esa bala era para ella y no tenía que haber llegado a mi. Pero a ella la hubiera matado, y yo estaba viva y la tenía a mi lado.

Le cogí la cara con las manos ensangrentadas por intentar detener la hemorragia.

-No pasa nada mi niña. Esto se curará. Y has sido tú la que me has salvado.

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