dimecres, 30 de març del 2011

jugando con tu pelo. II

Se sentía como una quinceañera a punto de podirle salir a la chica de sus sueños.

No muy lejos de aquello se acercaba a la treintena y estaba decidiendo si llamar a la chica con la que llevaba las dos noches previas soñando después de haber dormido con ella las dos anteriores.

Realmente su primer encuentro resultó muy satisfactorio. Después de los miedos al despertar sobre si querría irse o no, se quedó a desayunar, a pasar la mañana, a comer, a la hora de la siesta, a pasar la tarde y cuando decidió irse la retuvieron mientras se duchaba, y como se hizo tarde pasó aquella noche también acariciando esos rizos que la enamoraron desde el otro lado de la pista de aquella discoteca abarrotada de mujeres.

Dos días más tarde, con el teléfono en la mano a punto de llamarla, volvía a tener los miedos de la mañana del domingo cuando no sabía si levantarse para ir al baño no fuese a despertarla y ella quisiera irte. Temía que, a pesar de lo bien que lo pasaron juntas, aquello fuera a quedarse en eso, en un buen fin de semana. Temía llamarla y que su proóximo encuentro tansolo sirviese para que le devolviera la ropa que le prestó, o que sencillamente, el teléfono que le dió, no fuera el suyo. Pero a pesar de aquellos miedos llamó sin saber muy bien que decir en caso de que obtuviera respuesta.

-¡¡Hola!!
Le contestó una voz tímida pero alegre al tiempo, lo que le pareció una buena señal.
-Hola. ¿Cómo estás? Espero no molestar...
Al mergen de poder estar haciendo cualquier cosa, podía incluso haberla llamado mientras trabajaba... Habís hablado de cosas el domingo, pero no de eso...
-No tranquila. Además me alegro de que me hayas llamado. ¿Qué tal?
-Todo bien... -No quería hablar por teléfono con ella, quería verla, quería tenerla cerca, quería volver a oler aquel perfume que todavía no había sabido identificar, quería contarle que tal le había ido el día mientras la sostenía desnuda entre sus brazos después de haber hecho el amor con ella. -¿Puedo proponerte algo?

Aunque no se lo podía creer nada más colgar el teléfono tenía que salir por la puerta en su busca. No la había rechazado. Todo lo contrario. Parecía encantada de volver a verla. Antes de salir de casa fue a mirarse al espejo. Algo que hacía mucho que no hacía. Quizás demasiado. Sin saber muy bien porque cambió aquella camiseta por una camisa y sin entender porqué sus manos lo hacían, la desabrochó como nunca lo había hecho. Camió la cazadora por una americana y tansolo abrochó un botón. De camino a la puerta paró en el baño y le dió protagonismo a sus ojos con aquell lápiz que hacía tiempo tenía abandonado.

Bajó las escaleras a la calle casi saltando, cruzó la puerta y se fué en su busca radiante de felicidad. Aunque no sabía muy bien como ni porqué aquella chica también quería verla, también quería pasar otro buen rato a su lado y aunque le costaba de creer algo le hacía tener cierta seguridad sobre aquello, y estaba disfrutando de esa sensación.

Como ambas habían imaginado, llegaron casi al mismo tiempo. Ambs dudaron acerca de como saludarse, pero se miraron a la cara y se tranquilizaron. Se acercaron y mientras sus labios se encontraban sus manos se encontraban con el cuerpo de la otra reconociéndose. Fuese como fuese, ambas querían estar ahí del mismo modo, y eso al tiempo que las excitaba, las tranquilizaba.

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