Es martes. Són las 17:00h. Salgo de mi visita quincenal con mi terapeuta. Después de dos años hay cosas de las que ya no hace falta hablar, y otras a las que hay que darle un empujón porque son las que más cuestan, y nos estamos centrando básicamente en eso. En lo que más me cuesta. Hay días en los que parece que no hay progreso. Otros en los que es muy evidente. Pero normalmente los días son como hoy, en los que poco a poco vamos dándole más espacio a mi cuerpo para que sea libre de comunicarse conmigo sin complicaciones. Bajo las escaleras de los 6 pisos contenta. Además hace una tarde perfecta para ir a buscar el coche andando. La primavera ha llegado.
Salgo por la puerta eligiendo que poner enmi iPod. Antes siempre buscaba la misma canción. Esa que me acompañó en los peores momentos, y sigue haciéndolo. Pero salgo optimista, y mis manos se van directas a poner algo de rumba con la que acompañar el paseo por media ciudad. Pero algo me para nada más fijarme en la calle.
Sabe perfectamente que algunos martes por la tarde no soy la mejor compañía que alguien puede necesitar. Incluso sabe que a veces soy yo misma la que no quiere compañía. Pero también sabe que si salgo contenta, me encanta compartir ese momento desde el instante en que cruzo esa puerta. Me mira con cara dubitativa para saber si ha hecho bien en venir a recogerme o no. Y mi sonrisa le vale como respuesta afirmativa. Me quito los cascos, la miro a los ojos desde bien cerquita y tansolo me sale decirle una cosa:
-¿Cómo no te voy a querer?
De todas las cosas que había pensado hacer esa tarde, la mejor, fue la que improvisamos. Fuimos a su casa a recoger su gran toalla de playa, y aunque el agua estaba todavía bien fría como para bañarse, la tarde estaba perfecta para ir a tumbarse al sol o sencillamente a mirar esa linea a veces casi imperceotible que hay entre el final del mar y el principio del cielo.
Podría seguir contando, pero voy a disfrutarlo sin más
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P.D: Si eso, el día que ocurra, os cuento como sigue.
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